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Introducción

La DA es una enfermedad compleja, de etiología multifactorial, provocada por una desregulación del sistema inmunológico y una disfunción de la barrera cutánea, influida por factores genéticos y ambientales.

Esta compleja fisiopatología nos lleva a una forma clínica heterogénea de presentación con diferencias en la edad de inicio, localización y extensión de las lesiones, severidad, perfiles de sensibilidad, persistencia de la enfermedad y presencia de comorbilidades19. Todos estos matices son importantes en la investigación e interpretación de la epidemiología de la DA.

La mayoría de los estudios epidemiológicos se han realizado en la edad pediátrica, pero la reciente aparición de estudios en adultos está modificando el conocimiento de esta patología.

La epidemiología de la DA muestra algunos desafíos. En primer lugar, no existen biomarcadores o pruebas diagnósticas objetivas y tampoco una nomenclatura internacional homologada, lo que dificulta el desarrollo de cuestionarios consistentes y validados para la investigación epidemiológica. También hay una gran heterogeneidad con respecto a la distribución de las lesiones, la morfología, la intensidad, el curso o la asociación de comorbilidades. Es por ello que, aunque se han usado numerosos enfoques para validar la epidemiología de la DA, no existe un enfoque universalmente válido20.

Un mejor conocimiento de la epidemiología de la enfermedad podría ayudar en un futuro a la realización de tratamientos más dirigidos y personalizados.

La prevalencia estimada de la DA varía según las fuentes consultadas entre un 15 y 20% en niños y un 1-3% en adultos, habiéndose observado un aumento de su incidencia de dos a tres veces durante las últimas décadas en los países industrializados21.

Epidemiología de la dermatitis atópica en niños

Durante la última década se han obtenido una gran cantidad de datos de prevalencia y tendencia gracias al estudio ISAAAC (International Study of Asthma and Allergies in Childhood)22. Este es un estudio global en el que se incluyeron cerca de 2 millones de niños en 100 países y en el que se ha utilizado una metodología uniforme validada que ha permitido la comparación de los resultados entre población pediátrica de todo el mundo.

El estudio reveló que alrededor del 20% de los niños están afectados de DA, pero la prevalencia varía según países. Así, para el grupo de edad entre 6-7 años la prevalencia oscila de un 0-9% en India a un 22,5% en Ecuador. La prevalencia global para este rango edad fue de un 7,9%, siendo en España de un 6,2%.

Para el grupo entre 13-14 años los datos varían entre el 0-2% en China y el 24% en Colombia. Una prevalencia de alrededor del 15% se encontró en cuatro de nueve regiones estudiadas, que incluían África, América Latina, Europa (un centro en Finlandia) y Oceanía.

Los últimos datos disponibles mostraron que mientras la DA ha alcanzado una meseta en países desarrollados como Gran Bretaña y Nueva Zelanda, continúa aumentando (específicamente en niños entre 6-7 años comparados con los de 13-14) en zonas con bajos ingresos económicos como América del Sur y el Este de Asia.

Los datos de prevalencia en niños muestran una discreta preponderancia en mujeres (1,3:1).

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Preguntas frecuentes sobre dermatitis atópica en niños

Epidemiología de la dermatitis atópica en adultos

La DA se ha considerado clásicamente como una enfermedad que afecta a los niños, pero estudios recientes sugieren que la prevalencia en adultos es mayor de lo que se pensaba, aunque hay muy pocos estudios internacionales de calidad que la evalúen.

Estudios internacionales anteriores al año 2000 encontraron prevalencias de la DA del adulto entre el 2 y el 6,9% dependiendo de las regiones y la metodología empleada. A partir de los estudios NHIS (National Health Interview Survey) 2010 y 2012, la prevalencia encontrada en el año anterior fue del 3-10,2 y 7,2% respectivamente20,21. En el NHIS 2010 puede que se sobreestimara esta prevalencia (10,2%) al incluir otras posibles dermatosis que no fueran DA (dermatitis eczema y «erupciones cutáneas inflamadas y rojas»), y se infraestimara si en la definición de DA se incluía historia de asma y/o fiebre del heno (3,2%)23.

Algunos estudios internacionales realizados en cohortes de adultos han mostrado altas tasas de DA de inicio en la edad adulta. Así, un 60% de pacientes en Italia, un 25% en Nigeria, un 22% en Corea y un 54% en EE.UU. con manifestaciones clínicas de DA informaron del inicio de su enfermedad en edad adulta. Otro estudio de metaanálisis reciente y sistemático también encontró que uno de cada cuatro pacientes con DA la iniciaron en la vida adulta con proporciones similares entre los diferentes países23.

Un factor a tener en cuenta al valorar la DA del adulto es que muchos pacientes con DA de inicio en edad adulta habían tenido DA en la niñez que remitió y se olvidó, por lo que en estos casos debería considerarse más una recurrencia que una enfermedad de inicio en la edad adulta. Esto sugiere que los pacientes con DA tienen periodos de aclaramiento de la enfermedad23. También puede que la dermatitis leve o moderada del adulto esté infradiagnosticada, bien porque los síntomas sean más leves que en los niños o porque se establezcan por parte de los dermatólogos otros diagnósticos como dermatitis alérgica de contacto o dermatitis aerotransportada24. Es por ello que para llegar a un mejor conocimiento de la prevalencia a nivel global de la DA en adultos se requerirán en un futuro más estudios epidemiológicos de población con criterios estandarizados.

En cuanto al sexo, la DA en adultos es más común en varones que en mujeres, con una proporción de 2:124.

Edad de inicio de la dermatitis atópica y progresión de la enfermedad

La DA suele presentarse en la gran mayoría de casos en la primera infancia. Clásicamente y basándose en estudios de cohortes en edad pediátrica, se consideraba que el 50% de casos de DA se inician en primer año de vida y en un 85% sobre los cinco años. En cuanto a los adultos, hay una considerable heterogeneidad con respecto a la edad de inicio. Así, algunos tienen su enfermedad desde la infancia o la edad escolar persistiendo en la vida adulta y otros la inician durante la adolescencia o edad adulta23.

Estudios epidemiológicos han sugerido un fenotipo denominado «la marcha atópica», que describe la progresión de las manifestaciones atópicas, desde la DA al asma y la rinitis alérgica. Esto ha creado la percepción de que la DA es el punto de entrada para el desarrollo de otras enfermedades alérgicas y que los pacientes pediátricos con DA bien seguirán la marcha atópica o dejarán atrás la enfermedad. Sin embargo, este concepto de «la marcha atópica» no puede ser aplicada a todos los pacientes25,26.

Así con el estudio PASTURE (Protection against Allergy-Study in Rural Environments)25, en el que se incluyeron 1.038 niños de cinco países europeos, se han podido definir cuatro fenotipos en la niñez, dependiendo de la edad de inicio y la progresión de la enfermedad. Dos fenotipos precoces con edad de inicio antes de los dos años, temprano transitorio (9,2%), temprano persistente (6,5%), un fenotipo tardío con edad de inicio a los dos años o más (4,8%) y un fenotipo infrecuente (79,5%) definido como niños sin DA. Los niños con un fenotipo temprano persistente en los que ambos progenitores tenían historia de alergia tuvieron un riesgo cinco veces mayor de desarrollar DA comparado con los niños con padres sin historia de alergia. Ambos fenotipos tempranos estuvieron fuertemente asociados a alergia alimentaria. En cuanto al riesgo de padecer asma, estuvo asociada de forma significativa al fenotipo precoz persistente, y el fenotipo tardío solo se asoció a rinitis alérgica. Los estudios ALSPAC (Avon Longitudinal Study of Parents and Children) Reino Unido y ALSPAC en los Países Bajos que incluyeron dos cohortes de 9.894 y 3.652 niños respectivamente describen seis subfenotipos27.

El conocimiento mayoritario acerca de la epidemiología de la DA procede de estudios transversales. Es por ello por lo que merece la pena tener en cuenta nuevos estudios longitudinales en los que se han aplicado «técnicas estadísticas más sofisticadas»19,28. El estudio de Irvine y Mina-Osorio19 revisa recientes estudios de cohortes y trata de sintetizar y simplificar datos epidemiológicos para identificar características clínicas relevantes que puedan ayudar a los clínicos a estimar el riesgo de progresión de la enfermedad en pacientes pediátricos. Las conclusiones más significativas son19,28:

– Al menos existen tres trayectorias de la enfermedad en niños: inicio temprano que se resuelve, inicio tardío resolutivo e inicio temprano persistente. El subtipo más infrecuente es el de inicio temprano persistente (entre el 10-30% de los niños con DA). Este rango es consistente con un reciente estudio que encontró que el 80% de la DA infantil no persiste más de 8 años y menos del 5% persiste 20 años después del diagnóstico. La enfermedad de inicio tardío ocurre en algunos estudios tan o más frecuentemente que la de inicio temprano. Estos hallazgos refutan la idea de que la DA en niños siempre empieza en edad temprana.

– Los factores asociados a progresión de la enfermedad son su inicio precoz, la historia familiar de atopia, la gravedad de la enfermedad, la existencia de mutaciones de la filagrina, el entorno urbano, la polisensibilización y/o la multimorbilidad alérgica.

Los autores proponen19,28 que el futuro de los estudios epidemiológicos debe ir más allá de los estudios transversales, con estudios longitudinales que consideren las distintas trayectorias de enfermedad y los fenotipos, así como su impacto en las comorbilidades.

En cuanto a la evolución de la enfermedad en la edad adulta, cuanto más tarde es el inicio de la enfermedad, más larga es la persistencia. En general, la tasa de persistencia en la edad adulta se correlaciona con la mayor tardanza en el inicio y la mayor gravedad en la niñez24.

El asma, la rinitis, la conjuntivitis y las alergias alimentarias y comorbilidades psicológicas son frecuentes entre los pacientes adultos con DA.

La DA de inicio en la edad adulta tiene en ocasiones una forma de presentación distinta a la de inicio en la niñez, con lesiones de tipo eczema numular, lesiones de predilección en manos o de tipo prurigo. Es posible que la DA de inicio en edad adulta represente un fenotipo específico23.

Factores genéticos

La herencia tiene un rol esencial en la predisposición y desarrollo de la DA. Estudios en gemelos monocigóticos han permitido demostrar que la DA tiene una tasa de concordancia de alrededor del 80% frente al 20% en gemelos dicigóticos23. La DA se desarrolla en un 20-30% de los niños cuando uno de sus padres es atópico y en un 40-50% cuando los dos padres lo son24. La herencia es poligénica, multifactorial y de penetrancia variable, y condiciona distintos aspectos de la enfermedad, por ejemplo, heredabilidad de la inmunoglobulina (IgE) o los trastornos de función barrera.

Los portadores de la mutación en el gen FLG tienen un riesgo significativamente superior a desarrollar DA, asma, rinitis alérgica y alergia24, presentan mayor gravedad clínica, inicio más temprano y mayor tendencia a persistencia en la edad adulta29. Solo un 15-20% de pacientes europeos con DA son portadores de mutación en FLG. Esta se ha identificado en población europea y asiática, siendo rara en pacientes con DA sudafricanos y etíopes. Parece importante que en futuros estudios epidemiológicos se estratifiquen a los pacientes en portadores y no portadores de mutación en FLG29.

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Raza y etnia

La prevalencia de la DA no es uniforme en lo que se refiere a raza y etnia23. Se han encontrado mayores tasas generales de DA en África y Oceanía frente a las de India, Norte y Este de Europa. En EE.UU. la prevalencia de DA en niños afroamericanos (19,3%) fue mayor si se comparaba con los europeos americanos (16,1%). Además de las variaciones raciales descritas en relación con la mutación del gen FLG, un reciente artículo de revisión pone de manifiesto que si bien el inmunofenotipo de todos los grupos étnicos con DA se caracteriza por una fuerte activación Th2, los pacientes asiáticos tienen una más fuerte activación Th17/Th22 que los afroamericanos y europeoamericanos, mientras que los afroamericanos tiene los mayores niveles séricos de IgE de todos los grupos, aunque carecen en gran parte de la activación Th1 y Th1730.

Lugar de nacimiento

El lugar de nacimiento y donde se reside parece jugar un papel en el riesgo de padecer DA tanto en adultos como en niños. Un estudio poblacional realizado en EE.UU. encontró que los niños nacidos en otro país y que emigraron tenían una menor prevalencia de DA y enfermedades alérgicas que los nacidos en EE.UU. Las posibilidades de padecer DA y enfermedades alérgicas aumentaron tras 10 años o más de residencia. Estudios previos en Italia, Israel y Australia también mostraron menores prevalencias en inmigrantes que en los nativos. Este aumento de posibilidad de padecer DA después de la inmigración y la residencia prolongada permite sugerir que los inmigrantes a estos países están en riesgo de padecer una DA de inicio tardío23.

Clima y radiación ultravioleta

Algunas variaciones en la prevalencia de la DA en niños están en relación con las diferencias climáticas.

Las temperaturas bajas y el aumento del tiempo pasado en el interior en ambiente de calor y baja humedad aumentan la prevalencia de DA. El aumento de la radiación ultravioleta (UV) está inversamente relacionado con la prevalencia de DA. La radiación UV ejerce un efecto protector, por sus propiedades antiinflamatorias y por el aumento de la producción de vitamina D, que desempeña un importante rol inmunitario en el desarrollo de la DA.

Polución atmosférica y tabaco

Vivir en un ambiente urbano aumenta la exposición a irritantes31. La exposición al dióxido de nitrógeno, importante componente de la polución del aire, ha mostrado una significativa correlación positiva con la prevalencia de DA en niños de seis años en un estudio prospectivo de cohortes. También la proximidad a áreas con mucho tráfico y los humos por diésel se consideran factores ambientales de riesgo23. Sin embargo, hay pocos estudios que hablen de la asociación entre DA en adultos y polución, aunque se ha hipotetizado que la polución afectaría posiblemente más a adultos que a niños, dado el gran porcentaje de DA extrínseca en adultos.

El tabaquismo temprano y actual y la exposición de los niños al humo del tabaco se ha asociado con una mayor prevalencia de DA de inicio en la edad adulta en un estudio de casos y controles. Una posible explicación es que el humo del tabaco actúa como irritante en individuos genéticamente predispuestos a tener DA, o como sensibilizante o como una combinación de ambas posibilidades23.

Factores socioeconómicos

La prevalencia de la DA se ha visto incrementada con el aumento del status socioeconómico. Cuanto mayor es este en los padres, mayor sensibilización alérgica y atopia en los hijos, probablemente esto esté en relación con la menor reducción a la exposición a alérgenos al vivir en mejor ambiente sanitario. En adultos un mayor nivel de educación e ingresos también se asocia con un aumento de la prevalencia de DA23.

Estrés

El estrés agudo exacerba las manifestaciones de DA tanto en niños como adultos. Lo hace aumentando la liberación de neuromoduladores que actúan incrementando la inflamación local y sistémica. Durante el estrés se aumenta la liberación de la hormona liberadora de corticosteroides en el hipotálamo y el aumento de corticosteroides favorece la respuesta Th2 e inhibe la Th123.

Alcohol

El consumo de alcohol se considera un factor de exacerbación de las manifestaciones clínicas de la DA. Los adultos con DA tienen un aumento del consumo de alcohol, pero se requieren más estudios para saber si es un factor de riesgo o esta asociación representa una reacción psicosocial de automedicación23.

Otros factores

La exposición a animales de granja durante el embarazo y la niñez se asocia con un aumento de la DA en niños que viven en países poco desarrollados, pero no en los más desarrollados24. No hay conclusiones claras sobre si la vida en la granja en la edad adulta es un factor de protección o de riesgo para padecer DA en adultos23.

La exposición a gatos parece aumentar el riesgo de DA, pero la exposición a perros parece tener un efecto protector. Alimentos como las frutas, nueces y pescado se correlacionan con menos posibilidad de padecer DA. No hay estudios concluyentes sobre la incidencia de DA en relación con el consumo de ácidos grasos omega 3, vacunas en niños, lactancia materna exclusiva o prolongada24. En la tabla 3 se recogen factores de riesgo ambiental en la DA.

Tabla 3. Factores de riesgo ambiental en pacientes con dermatitis atópica

Comorbilidades

La DA es la manifestación atópica que predispone a la aparición de otros procesos considerados dentro del ámbito del estatus atópico, como alergias alimentarias, asma y rinoconjuntivitis alérgica32-34.

La DA en adultos se asocia fuertemente con comorbilidades alérgicas. Un reciente estudio de 380 pacientes adultos con DA mostro que el 40,3% tenían asma, un 51,3% rinitis alérgica, un 24,2% conjuntivitis alérgica y un 60,5% otras manifestaciones alérgicas24.

La esofagitis eosinofílica es una comorbilidad Th2 de diagnóstico cada vez más frecuente. Puede presentarse tanto en la infancia en forma de reflujo y vómitos, como en la edad adulta, donde es más frecuente el dolor abdominal y la disfagia32.

En la última década hay un aumento de estudios que asocian la DA con una amplia gama de comorbilidades no atópicas. En algunas de ellas no se sabe si se trata de verdaderas comorbilidades o efectos secundarios de la DA.

Así, se ha relacionado la DA con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDHA), trastornos del espectro autista, depresión, ansiedad, trastornos de conducta34. Aunque en todos estos procesos puede influir la presencia de citoquinas inflamatorias, también pueden influir otros factores como la mala calidad de vida, el prurito o los trastornos del sueño32.

Más difícil es establecer un nexo de unión entre DA y enfermedades inflamatorias y cardiológicas. Un estudio alemán de pacientes con DA reveló un aumento del riesgo de padecer artritis reumatoide y enfermedad inflamatoria crónica intestinal, sin poder establecer si estas comorbilidades se deben a un estado inflamatorio crónico o a una disfunción inmunitaria común24.

Aunque algunos estudios epidemiológicos avalan una conexión entre la DA del adulto y el aumento de la tasa de infarto de miocardio e ictus, otros estudios no lo apoyan alegándose como factor de confusión que el deterioro de la calidad de vida y la afectación psicológica asociadas a la DA podría favorecer hábitos poco saludables, siendo los pacientes con DA más propensos a fumar, consumir alcohol y llevar una vida sedentaria31.

También es controvertida la relación entre la diabetes mellitus y la DA31. Aun con algún resultado contradictorio, la mayor parte de los estudios permite establecer una relación estadística entre obesidad y DA. Aunque el mecanismo es desconocido, se ha asociado la DA con alteraciones del tejido adiposo y las adipocinas24.

La asociación con vitíligo y alopecia areata, sobre todo alopecia areata universal, sugiere la posibilidad de un mecanismo común entre la AD y estas enfermedades autoinmunes24.

Una reciente revisión encontró una relación significativa entre la DA y un mayor riesgo de conjuntivitis, queratitis y queratocono con respecto a la población general, que además tenían relación con la gravedad de la dermatosis32.

Carga de enfermedad

La DA provoca un impacto negativo en la calidad de vida de los pacientes y sus familiares, que puede ser medida mediante escalas validadas.

Además de los síntomas físicos como el picor o el dolor, también aparecen problemas relacionados con la apariencia, con la consiguiente repercusión en la vida social. Es una enfermedad que provoca un gran consumo de tiempo, ya que el paciente y sus familiares emplean más de una hora al día en actividades relacionadas con su enfermedad35.

Dado que es una enfermedad que no solo afecta a niños, sino que en algunas ocasiones continúa o surge en la edad adulta, es importante conocer la carga de la enfermedad y cómo afecta a la calidad de vida (Tabla 4).

Tabla 4. Influencia de la carga de la enfermedad

Adaptada de Reed, et al., 201835.

Carga de la dermatitis atópica en niños y adolescentes

La DA provoca una gran carga en niños y adolescentes. Los pacientes con DA tienen trastornos del sueño: despertares frecuentes al poco de dormirse, sueño poco eficiente, somnolencia diurna y sueño inquieto. Cuando aumenta la severidad de las lesiones, se provoca también un aumento de las noches con alteraciones del sueño. The Children´s Sleep Habits Questionnaire, usado para medir los trastornos del sueño en niños, ha encontrado una correlación significativa con el SCORAD (Scoring Atopic Dermatitis) y con el CDLQI (Children´s Dermatology Life, Quality Index), ya que la mejoría de las lesiones y del picor también provocan una mejoría del sueño35.

Los trastornos del sueño en niños con DA se han asociado con un incremento de las tasas de los trastornos de TDHA, la cefalea y la estatura corta.

Un 68% de los niños entre 2-13 años y un 83% de los adolescentes entre 14 y 17 años evitaron las actividades cotidianas. Un 30% de los niños y un 46% de adolescentes experimentaron una interrupción de su vida escolar y laboral (entre 2 y 3,5 días respectivamente)35.

También hay impacto en su vida social, siendo más propensos a considerar el suicidio y a tener problemas de salud mental. Se ha descrito la baja autoestima y el bullying en el colegio (en una encuesta realizada por la National Eczema Association en 2016 el 20% de los padres y cuidadores encuestados indicaron que sus niños lo habían sufrido)24.

Carga en padres y cuidadores

La DA también provoca una carga entre los padres y cuidadores. El estudio ISOLATE puso de manifiesto que el 37% de los cuidadores de niños con DA de entre 2 y 13 años pensaba que la enfermedad afectaba a otros miembros de la familia, encontrándose una asociación entre la severidad de la DA de los niños y la calidad de vida de los padres.

Ellos también padecían trastornos del sueño (el 61% de los padres en una serie de 270 pacientes pediátricos) y pasaban más tiempo cuidándolos por la noche que los padres de niños con otras enfermedades crónicas como el asma.

Se calcula que las familias emplean unos 63 minutos al día cuidando al niño (esto incluye la limpieza de la piel, la aplicación de tratamientos tópicos y la visita al médico)35.

Carga en adultos con dermatitis atópica

Los adultos con DA suelen referir dolor además de picor, sobre todo los que tienen excoriaciones. Los trastornos del sueño son también más frecuentes en adultos con DA que en los que no la padecen, con sueños cortos y despertares tempranos, somnolencia diurna e insomnio. El estudio ISOLATE mostró que durante los brotes padecen trastornos del sueño en unas 8,4 noches.

Los pacientes con DA se diagnostican con más frecuencia de depresión y ansiedad. Se describe vergüenza y la autoconciencia de cómo la enfermedad influye en su vida personal. Hay un impacto en su vida sexual y en la libido (en un cuestionario realizado a más de 1000 sujetos con DA más de un 82% experimentaron un impacto en su sexualidad)34. Hay también un mayor absentismo laboral, jubilación anticipada y discriminación en el puesto de trabajo. No es infrecuente el aislamiento, evitando actividades familiares y sociales por su enfermedad24.

Dado que la prevalencia de DA en adultos es mayor de la que previamente se creía, esto implica que la carga de la enfermedad es también mayor de lo que se pensaba.

Costes de la enfermedad

La DA provoca costes directos e indirectos. Costes directos al paciente y su familia, e indirectos derivados de la pérdida de días de trabajo y escuela.

Un estudio de 2017 estudió las comorbilidades de los pacientes adultos con DA y analizó la utilización de recursos y los costes de la enfermedad en EE.UU., llegando a la conclusión de que los pacientes con DA suponen una carga económica similar a los pacientes con psoriasis, pero con un mayor uso de las urgencias36,37.

La DA tiene un elevado impacto socioeconómico en pacientes y familiares, pero la mayoría de los estudios evalúan solamente el coste del tratamiento farmacológico, siendo necesario estudiar también el uso de recursos y los costes asociados. En nuestro país un estudio poblacional observacional retrospectivo llevado a cabo en el área geográfica de Badalona estima un coste de 1.504 euros por paciente y año. En el caso de las DA severas, este ascendía a 3.686 euros, cuatro veces más que para las formas leves (811 euros)38.

La DA grave se asoció a la edad, el sexo femenino y a la presencia de comorbilidad general (asma, depresión, eventos cardiovasculares, obesidad y tabaco). El gasto estuvo más relacionado con los costes sanitarios (75,5%) que con la pérdida de productividad (24,5%). Debe tenerse en cuenta que no se incluyeron los gastos de bolsillo de los pacientes y sus familias, tanto directos como indirectos (complementos terapéuticos fuera de prescripción o costes asociados a las visitas no identificables como pérdidas laborales).

Aun con la dificultad de establecer comparaciones con trabajos similares por la diferencia en los ámbitos sanitarios y por el propio diseño de los estudios, los autores comentan que en un estudio realizado en Corea encontraron un coste directo anual de alrededor de 2.102 euros con una imputación a costes sanitarios y pérdidas de productividad similar a su estudio. En otro estudio retrospectivo (n = 41.247) se describe un promedio de 991 dólares estadounidenses paciente/año, destacando que un 38% eran en días de incapacidad laboral. Otro estudio destacó que un 30% de los costes en pérdidas de productividad anual, y finalmente en una reciente revisión menciona el elevado impacto económico, social, ocupacional y en la calidad de vida de los pacientes con DA, estimando el coste anual de la DA desde una perspectiva conservadora en unos 5.297 millones de dólares (en una población aproximada de 322 millones de individuos) en el año 201637.

Es claro que el tratamiento de la DA supone un elevado coste en consumo y en recursos sociales38. El uso de nuevos tratamientos biológicos podría asociarse a un incremento de los costes directos relacionados con el coste farmacológico, pero quizá esto se acompañe de una mejora en los costes sociales y sanitarios globales, si se reducen el número de visitas, los ingresos y las exploraciones complementarias. Probablemente todo esto cambiará de alguna forma el impacto de esta enfermedad.

Conclusiones

La epidemiología de la DA muestra algunos desafíos, en ausencia de biomarcadores objetivos y una nomenclatura internacional homologada, así como una gran heterogeneidad con respecto a la distribución de las lesiones, la morfología, la intensidad el curso o la asociación de comorbilidades. Por ello es necesario un mejor conocimiento epidemiológico de la enfermedad que favoreciese la puesta en marcha de tratamientos más dirigidos y personalizados.

   

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